¿Y si más allá de nuestras propias espectrales proyecciones, se tratará realmente de una mano extendida a fin de liberarnos de nuestros secretos miedos y prisiones? ¿Y si fuera nuestra propia ofuscación la que hubiese confundido realidad e ilusión? Lo que aquí se pretende es dilucidar hasta que punto todo ello es posible que nos este pasando.
LA NEURONA QUE PATINA
LA NEURONA QUE PATINA
Apunte básico
La neurona que patina es tan útil (y necesaria) como la neurona que enrosca. Probablemente la que patina sin la que enrosca se perdería. Pero la que enrosca sin la que patina se encierra, se aísla y se endurece sórdidamente. A lo largo de los siglos, y milenios, el hombre y sus neuronas, se han ejercitado en el noble arte de enroscar y re-enroscar, pero a pesar de todo, no han logrado resolver sus contradicciones y conflictos. Actualmente podríamos hablar de una Edad de Gran Esplendor Global en todo lo referente al noble arte de enroscar. Ingeniería, matemáticas, ciencias, medicina, tecnología, aplicaciones y metodologías materiales y productivas. Pero la comprensión real de la vida y el Hombre, sigue siendo la gran asignatura pendiente. Y mucho peor es la situación si nos referimos a la comprensión y resolución de su propia historia. A mi modo de ver, humildemente, creo, existe un inconfesable tácito acuerdo subconsciente para resolver esta falta, esta carestía, traspasando el problema que nos causa a la neurona que patina, como si de una irresoluble culpa suya se tratara. Curiosamente se la culpa más se evita de todos los modos posibles que ella pueda llegar jamás a responsabilizarse del susodicho problema. De esta guisa se logran dos “maravillosos y mágicos milagros”: Se justifica así el sostenimiento de la marginación de la neurona que patina, “se convierte en un hecho esencial e incontrovertiblemente necesario”, y se logra de paso una perpetua e incuestionable exculpación “fundamentada en el evidente fracaso perpetuo de la pobre neurona en cuestión”. Total: Es un lio de cojones!!! que se convierte en un lastre insalvable que es menester además y por mor de todo lo dicho anteriormente, ocultar sistemáticamente como tal. Y seguimos enroscando y re-enroscando cada vez más virtuosamente, pero también cada vez más ego-aislados en nuestra propia auto-justificación, como si el asunto nada tuviera que ver con nosotros y fuera solo un problema de esa pobre neurona patinadora “y sus quimeras e insuficiencias…”. Pues lo queramos o no, (no sabemos realmente si queremos o no), nos hace muchísima falta abrirnos a la neurona que patina. Por eso, creo humildemente, urge reivindicar, debatir y madurar en la medida de lo posible, la neurona en cuestión. Una neurona que a fin de cuentas, todos tenemos y a todos pertenece.


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